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Dicen que la expectativa de vida podría trepar a los 120 años



Los especialistas afirman que esa es la frontera a la que puede aspirar el ser humano. Pruebas de laboratorio demostraron el rol clave que juegan la vitamina E y la actividad tanto física como mental.

El científico argentino Alberto Boveris menciona a Jean Calmet, una francesa nacida en el siglo XVIII que vivió 122 años. Y lo hace para demostrar que si alguien llegó a esa edad, todos podrían hacerlo. Ese es, justamente, uno de los objetivos de la medicina actual: que todos los seres humano vivan tanto como Jean Calmet, y que lo hagan en forma saludable.

"Es el tiempo que le está concedido a la vida humana. La idea es que todos podamos usufructuarlo. Y esa es la lucha actual de la medicina. Vivir más y mejor es el más antiguo de los anhelos de la humanidad, pero con los conocimientos que tenemos hoy se transformó en el más moderno de los derechos humanos", dice Juan Hitzig, especialista en medicina del envejecimiento y prevención gerontológica.

Boveris da más ejemplos para sostener la idea de que se puede estar en este mundo por mucho tiempo: "Sólo en Estados Unidos hay 75.000 personas que tienen más de 100 años. Y en el mundo hay casi 200.000". Hitzig amplía el concepto: "A comienzos del siglo XX eran apenas 500 las personas mayores a 100 años. Ahora es el grupo etario que más creció. Hace tres décadas, los jóvenes representaban el 33% de la población total; hoy son el 18%. Los mayores de 60 representaban el 12%; hoy son el 24%".

"Japón es el país con mayor esperanza de vida: 76 años. Y su esperanza de vida saludable es de 74,5. Allí se es viejo sólo entre el 1 y el 2 % de la vida", puntualiza Hitzig, autor del libro "Cincuenta y tantos". Esta relación no es tan buena en la Argentina, que figura 40 en el ranking con una esperanza de vida de 74 años y una esperanza de vida saludable de 68. "Esto quiere decir que somos viejos el 10 % de nuestra existencia", apunta el especialista.

Así como la lucha contra las infecciones elevó, durante el siglo XX, la expectativa de vida de 50 a 80 años, los nuevos avances de la ciencia prometen seguir empujando la frontera. Y Boveris —investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) y profesor de la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la Universidad de Buenos Aires— cree que es un sueño al alcance de la mano.

El secreto, para el investigador, está hoy por hoy en la combinación de tres factores: una buena alimentación rica en vitaminas, ejercicios físicos moderados y actividad neurológica. Boveris se basa en experimentos que hizo con técnicas de biología comparada aplicadas a ratas y ratones. Los roedores, que viven 18 meses, llegaron a los 2 años: vivieron un 25% más. "Trasladado al hombre, en lugar de vivir 80 o 90 años, podría vivir hasta los 120".

El envejecimiento es el resultado de un complejo proceso que incluye desde la carga genética y la muerte celular hasta el medioambiente. Es que el hombre, desde que nace, incorpora a su organismo productos tóxicos altamente dañinos. La polución industrial, el tabaco, la radiación, los medicamentos, los aditivos químicos de alimentos procesados y los pesticidas crean radicales libres, que son moléculas inestables y altamente reactivas.

"Entre el 1 y el 3% del oxígeno que respiramos incorpora al organismo radicales libres que matan nuestras células. Es lo que se llama el estrés oxidativo", explica Susana Puntarulo, investigadora en envejecimiento celular de la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la UBA y el Conicet.

¿Cómo frenar el efecto de los radicales libres? Con antioxidantes. "El organismo los produce de manera natural o bien los incorpora a través de alimentos ricos en vitaminas E y C. Por eso hay que consumir cinco raciones diarias de frutas y verduras", dice Boveris. Se recomiendan las amarillas, naranjas y rojas, ya que tienen betacaroteno (precursor de la vitamina A y potente antioxidante natural). El científico también habla de las bondades del aceite de oliva, el vino tinto y el pescado. Igual, advierte que las mujeres de más de 40 años y los hombres mayores de 50 deben tomar comprimidos de vitaminas E y C todos los días.

La española Ana Navarro, profesora de Biología de la Facultad de Medicina de Cádiz, también hizo experimentos con ratones para estudiar la longevidad: "Les dimos altas dosis de vitamina E, 800 unidades diarias, que es lo que se usa para el mal de Alzheimer, y logramos aumentar en un 20% la curva de sobrevida".

Para Hitzig, no hay que abusar de los hidratos de carbono simples como el azúcar, harina, las pastas, el pan, los dulces, el arroz. "No hay que combinarlos nunca. Si se come un plato de pastas, hay que olvidarse del pan o el postre", sugiere.

La segunda clave es la actividad física. "En los experimentos con ratones vimos que vivían un 15% más si hacían ejercicio", señala Boveris. Y recomienda actividades moderadas como caminar, nadar o andar en bicicleta. "El ejercicio violento hace consumir mucho oxígeno; es decir, uno incorpora más radicales libres. Quien salga a correr debe tomar antioxidantes. Lo mejor es la caminata aeróbica", apunta Hitzig.

La tercera condición es mantener la mente ocupada. "Siempre debe haber estimulación cerebral —afirma Boveris—. Hay que leer, estar informado, mantener una vida social y afectiva. Es bueno ver a otros, charlar y tener alguna tarea que hacer".

Finalmente, hay que agregar el descanso. "Para vivir bien también es necesario dormir bien. No está claro cuál es la función del sueño. Pero está comprobado que si a una persona no se la deja dormir, se muere igual que si se le prohibiera la comida", asegura Diego Golombek, biólogo, investigador del Conicet y profesor de la Universidad de Quilmes. Consejos: "Comer espaciadamente durante todo el día. Y tomar pastillas para dormir sólo si las recomienda el médico".

¿Otras recomendaciones? "Evitar el sedentarismo, el cigarrillo, el sobrepeso, el abuso de carne roja y grasas", dice Boveris. "El pensamiento negativo declina la biología neuronal. Por eso hay que tener buena onda, buen humor, manejar las emociones. El estrés baja el rendimiento y acelera el envejecimiento. Hay que pensar en estar bien, no mal", dice Hitzig. Y cita un proverbio oriental: "Envejecemos y morimos porque nos contagiamos de los que envejecen y mueren".